miércoles, 12 de junio de 2013

Atrápame si puedes.

No soy fanática de Spielberg ni de lejos. Es más, podría jurar que sentí un alivio casi vengativo cuando leí a Mckee declarar en una entrevista, que a Spielberg le hacía falta asistir a uno de sus talleres. Uno de los mejores guionistas del mundo abofeteando a uno de los directores más sonados y galardonados de los últimos tiempos. ¿No es exquisito? 

Por supuesto, no negaré el talento de Spielberg ni tampoco su genialidad en algunas escenas de sus (casi) clásicos más sonados. Sí, Spielberg, es bueno, pero prefiero lanzarlo contra el lodo mentalmente, hasta disfrutar cómo me cierra la boca (o me la abre) con una de sus realizaciones. Es una relación de amor/odio que termina consumándose cuando vuelve a demostrarme que la cretina soy yo. Yo soy la cretina que le busca tres patas al gato y que no soporta a Spielberg sin tener una razón realmente clara para hacerlo. 

Vamos al grano: 'Atrápame si puedes' es una película genial. En la descripción de la mayoría de críticas o reseñas sobre la película aparece como una "comedia dramática", etiqueta que le queda demasiado corta e incluso, suena a insulto. A insulto de un cretino. No, no es una comedia dramática, aunque lo parezca; pero tampoco es un drama ni mucho menos una película de acción. Es un híbrido, una mezcla cuidadosamente calculada en cuanto a recursos, giros, links, escenas, plot points, y cada uno de esos eslabones que poco a poco van aceitando/matizando la trama.

La actuación de Leonardo Di caprio - el hijo pródigo de Hollywood- es exquisita. No hay dudas, no hay exageraciones, no hay vacíos ni medios tonos. Al personaje no le entran balas ni errores. Di Caprio es Frank Abagnale Jr. y punto. 

Di Caprio termina engañándonos tanto como Abagnale, al FBI. 

Todo esto, en medio de un escenario de los años sesentas, que no solo es retratado por la moda, los autos, las costumbres, las antiguedades y demás rasgos históricos, sino en el modo de dirigir la película. Los planos, las secuencias, los movimientos de cámara son idénticos a los utilizados en la época. La ambientación no se limita al contexto, sino que se convierte en un sello de la dirección de la película. Es la cámara la que nos traslada a la época, antes que los elementos de arte o la producción. Es la cámara la que nos grita que quizá Spielberg no sea el mejor, pero sí es un capo indudable.

El guión, por otro lado, se vuelve impredecible. Aunque sea obvio que el personaje tarde o temprano debe ser atrapado, las siguientes páginas del libreto nos sacuden de una posibilidad a otra, justo cuando creemos que todo está perdido. Abagnale siempre tiene una carta bajo la manga.

Por supuesto, tratándose de una historia real, el genio creativo del guionista puede ser puesto en duda, pero eso sería mezquino. El engranaje de las escenas y sobre todo, el tejido de la trama es obra de él. La historia puede ser adaptada, pero es él quién decide el modo de hacerlo. Y ahí está la genialidad - o en otras ocasiones, el fracaso rotundo- del guión. 

Además, es en el guión donde se pone a juego la humanidad de Frank Abagnale y por otro lado, se desnuda su talón de Aquiles. Todo héroe tiene una debilidad y Abagnale no es la excepción. El tipo lo puede todo; ha burlado al FBI y a todos los bancos de Estados Unidos. Todo esto sin contar los hoteles, restaurantes, sastres, y el hospital y buffete de abogados donde trabajó. Se ha reído de todos y le ha sacado la vuelta al sistema. No hay fallos, salvo por una cosa: Abagnale no puede contra él mismo. No es el genio de Carl Hanratty (Tom Hanks) lo que termina atrapándolo. No: es el mismo Abagnale y sus carencias. El tipo solo busca sentirse en casa; volver a ese hogar que le arrancaron y que incluso después de ello, sigue cayéndose a pedazos. Frank no aprende cuando es traicionado por la mujer que ama y por poco, termina en manos de Carl Hanratty. Ni siquiera tiene reparos en enviarle correspondencia a su padre con su nombre propio y el verdadero lugar del remitente. Ni mucho menos mide consecuencias cuando termina en la aldea francesa donde sus padres se conocieron. 

En toda la trama, el tipo no deja de traicionarse. Los errores que se ahorra en cada estafa maestra, los comete en su huida. Su encarcelamiento es culpa suya, aunque no por despistado o por no reparar en dejar pistas a sus perseguidores. No. El problema es que Frank es humano

Puede que Spielberg nos engañe con su tratamiento y nos traslade en el tiempo a cincuenta años atrás; puede que Di Caprio nos haga creer que él es Frank y no hay actuación de por medio; pero Frank Abagnale no puede mentirnos. El muy cabrón se siente solo. Y ahí está la genialidad del filme. 








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